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domingo, 13 de abril de 2014

LAS PARADOJAS DE UN DIÁLOGO




HASTA POR DEBAJO DE LA LENGUA






     La noticia corrió por todo el mundo. ¿Era acaso la novedad protagonizada por Bartolomé de las Casas y cuyo resultado fue un diálogo abierto acerca de los derechos de los indígenas en el recién descubierto continente americano? ¿Se trataba del Armisticio de Bolívar y Morillo en Santa Ana, aquel hecho inédito que significó la puesta en escena internacional de la Regularización de la Guerra y la humanización de los conflictos a través del diálogo entre las partes interesadas? De ninguna manera. En pleno siglo XXI -la era por excelencia de las comunicaciones- se volvió noticia-tubazo que dos partes casi iguales en número (sus representaciones "políticas" más conspicuas para ser exactos) se reunieran en un intento por disminuir la violencia. ¿Una conclusión previa? Muy mal debe andar un país que no alcanza a percibir con naturalidad el hecho más distintivo que tienen los seres humanos: el intercambio de opiniones. Por cierto. Una grieta nefasta y bien grande que se la debemos íntegramente a los delirios de Chávez.
     Pero el evento puso en claro un detalle que ha circulado como la pólvora: a saber, lo enormemente mediocre que es el Gobierno chavista y la delimitación de los tópicos que fueron abordados en la jornada. Cierto. Mientras por un lado el oficialismo cacareaba torpemente las mismas miasmas de siempre (sobre imperios y revoluciones que nunca se manifiestan) una oposición sensata y organizada le metía medio chuzo a sus adversarios -el término lo escojo deliberadamente de la nomenclatura del Comandante Eterno- y utilizando como argumento los problemas concretos del ciudadano. Parecían invertidos los papeles con relación a otros tiempos. Los supuestos "sifrinos" de la supuesta "derecha" se batían apasionadamente por las carencias del pueblo mientras que los otros concurrentes, hijos también supuestos de la población menos favorecida, mascullaban consignas abstractas y se desplomaban como voceros directos de sus representados. A cada minuto de la confrontación se sentía por la izquierda de los televisores ("La línea que separa a la derecha de la izquierda se parece más a la melcocha que al caramelo") una alegría casi desbordante mientras que por el lado derecho en el que estaban los "caballeros de Maduro" (con ceño fruncido y una arrechera de mil demonios) se destilaba un arrepentimiento que no cabía en la pantalla. El Gobierno estaba perdiendo y eso era inaceptable, sucumbía sin vocación ni pericia, obligado sin duda por la presión de la calle y por el compromiso con unos cancilleres y un nuncio que no salían de su espanto en las sillas . ¡Señores, que allí estaba en pelota  la tragedia de los quince años, en cadena nacional y sin los malabares de los medios sumisos! Y con ella la pregunta que nos hacemos los venezolanos desde hace tiempo, ahora compartida por miles de televidentes: ¿en qué momento ésta gente se cogió el país y nos dejó sin futuro? Nada podrá equipararse, más allá incluso de las visiones distintas de la oposición (de la salida o el diálogo, de la calle o la mesa, de los radicales o los moderados) con el recuerdo de aquella noche especial, una sola por Dios, y en donde todos vimos al lobo (el poder absoluto de una larga cadena de abusos) convertido en un pobre y asustado pavorreal. (FOTOSÍNTESIS le dedica la presente entrega a todos aquellos que vieron el debate televisado, y en especial a los que saben que salga sapo o salga rana de las conversaciones iniciadas, no es posible ya remendarle el capote a los chavistas incompetentes, y menos aún cuando se sabe abiertamente que tales son los "enchufados"  que se encuentran en el poder).                   

   

3 comentarios:

  1. Totalmente de acuerdo. Y parafraseándote: "sin desperdicio". Ana

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  2. Así es. Increíble, pero cierto. Parecía un truco del régimen: porque uno ya no sabe qué esperar de estos conspicuos izquierdosos. De repente,pensaron, vamos a comportarnos como la derecha y dejemos que ellos lo hagan como si fueran los más furibundos fundamentalistas de la izquierda... Pero no fue así: la izquierda que se apoderó del país demostró lo que siempre ha sido (póngale usted el cognomento). "Si urdes utopías son sueños para uno y desgracia para otro": Adolfo Bioy Casares.

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  3. Esos que vimos del lado de Maduro, cayaperos y bisoños en el aprendizaje democrático, representan a la izquierda que refractamos siempre. A disgusto con la cita democrática, a la que asistieron más por necesidad que por obligación, no pudieron evitar el descacararse de esa película de pacifistas que esgrimen. Lo sabemos: ávidos de una épica que los salve de la sinverguenzura intima, añoran que la confrontación se dé en la calle, con las armas y la logística que les provee el estado. Todos practicaron tiro al blanco en Puente Llaguno.

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